Lorca, 2024. Marta y Javier soñaban con casarse bajo «su olivo», el centenario que su abuelo Antonio plantó en 1962 como dote para su futura novia. Pero la DANA de octubre lo arrancó de cuajo. «Era más que un árbol, era nuestra historia», lloraba Marta.
El milagro: Un vivero de Totana rescató el olivo moribundo. Con rizos especiales y 3 meses de cuidados intensivos en cámara frigorífica, volvió a florecer. El 15 de junio 2025, 120 invitados aplaudieron cuando los novios se dieron el SÍ bajo sus ramas.
La historia detrás: Antonio, jornalero de Lorca, plantó ese olivo picual con 22 años. Sobrevivió sequías, heladas y la riada del 88. «Este olivo es inmortal», decía. Tenía razón.
Emoción pura: «Sentí a mi abuelo abrazándonos», confesó Javier. El olivo ahora luce en su chalet de La Alberca, con placa: «Aquí Antonio plantó nuestro futuro».